viernes, 15 de junio de 2012

CARLOS OROZA

 Ayer fui de exposición con todo lo que ello conlleva: tertulia y vinitos. Estaba Carlos, si Carlos Oroza- Mi amigo poeta- "el mundo contra mi y yo contra el mundo"-  y me dice una joven pintora "estamos trabajando para que Oroza sea conocido" y el vino casi se me atraganta- ¿Sea conocido en donde? Yo que se, en todas partes, en Galicia, en Madrid, en Barcelona... "cuidadito, eh" le dije "inocentemente"...no sé porque me acordé de un recital que dio hace años en Vigo- en el Teatro Rosalía Castro- (aún existía), al finalizar se acercó al escenario Torrente Ballester y dijo "Carlos te encuentro delgado"- Oroza con ese orgullo herido que lleva dentro contestó- "Maestro sufro de inapetencia"  y a continuación pudimos oir ¿Pero que se cree, que no tengo para comer?

Lo estuve observando por el rabillo del ojo, ¡mira que conserva la frugalidad! Está a punto de cumplir los ochenta y está como una rosa!!!






(si lo prefieres pon la música mientras lees el poema)


              ALICIA



He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar.
Paso de lado simplemente y no me llaman.
Y veo a catin. La ciudad en sus números y la luz. La
calma.
Era un sexto de un seis de una calle que arrancaba
del centro,
una distancia que sólo se conocía por telefono.
Y vino un desconcierto. La calma. Vino la calma.

La calma y mirarás. La mirarás - decía- 
y sus ojos tenían la precisión  táctil  de su boca.

 La calma. Vino la calma
y Alicia había declarado al mar calamidad sentimental
y en el interior había vibraciones incrustadas.
Manchas que se reproducían en latidos
y se esparcían manifestantes y multitudinarias por los escaparates
con la cabeza apoyada en los cristales.

Alicia tenía la sonrisa.  La alegría del que pierde la respiración.
Alicia era una mujer que se confundía en principio
desde la primera escalera de un sexto izquierda.
Un séptimo izquierda que arrancaba del centro.
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
o a través de sus gemidos en el estado íntimo de su soledad. 

Y en la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Alicia buscaba alivio
Alicia había quedado sola
porque las lunas de los escaparates
estaban ocupadas.
Y no había un milímetro tan solo
para apoyar su frente
En los grandes edificios habían puesto andamios
y en la parte de la ciudad alta
todas las ventanas estaban ocupadas
por los delirantes que tenían las frentes agujereadas.
Los hombres estaban suspendidos en el aire
sobre los andamios, con las frentes inclinadasen las
ventanas


Alicia fue a apoyar su frente
a los stops, a los coches que habían quedado aparcados
y los coches estaban tambien ocupados
y las ventanas de los coches- los cristales-
estaban pegados en las frentes que deliraban de dolor.


Alicia fue a refugiarse en la púrpura de los ángeles
y la púrpura de los ángeles
estaba pegada en la frente dolorida de los místicos.
Y fue a buscar la cera de los laboratorios eclesiásticos
y no había solución.
La ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
estaba totalmente ocupada.

Alicia anduvo recorriendo toda la ciudad
y fue a los stops, a los anuncios publicitarios,
y todos los anuncios, y los stops, y la luz piloto de los coches
estaban ocupados por las otras frentes.


Alicia fue a ver los ojos abiertos de los animales muertos,
y los ojos abiertos de los animales muertos
estaban ocupados por las golondrinas,
que se apoyaban contra el ojo derecho de los animales muertos,
del interior de la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.



Alicia fue a la estación
donde estaban los coches de los ferrocarriles
a ver si había posibilidad,
mirar si había una rendija de luz,
que se introdujera por debajo de las puertas de los trenes,
para apoyar su frente,
pero no era posible,
porque aquella luz,
que 
bajaba
por debajo de las puertas de los trenes,
estaba ocupada por las frentes de los animales
que antes se habían nutrido
de los enfermos neurálgicos de los trenes,
que viajaban a la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.


Alicia andaba sola
 y se perdía buscando un espacio en las ventanas,
en las lunas de los museos,
en los escaparates
y no había ni un minuto para apoyar su frente,
ni un resquicio para apoyar sus latidos,
no había llanto
y no era posible inclinar la cabeza
sobre la humedad de una lágrima
y no eran posibles los extraordinarios - las horas fuera -
en los relojes no había siquiera
una hora
que penetrase
contra el punto neurálgico de la cabeza,
habían desaparecido los pinchazos exteriores,
para luchar contra el dominio interno  de la cabeza,

pero ahora no hay nadie en los andamios,
nadie está con las frentes en las lunas de los escaparates,
ya no hay más frentes
acariciando las púrpuras de los ángeles,
ya no hay más gente rociándose la frente
con la cera derretida de los laboratorios eclesiásticos,
ya no hay más nadie, nadie, mirando a los altares,
aproximando la frente a los monumentos, 


nadie está suspendido en esta ciudad,
nadie está de pie buscando el frío de los escaparates,
buscando el frío, el viento de las alturas del cráneo,
nadie, absolutamente nadie,
porque todos los que estaban suspendidos
en la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
habían descendido,
se habían desplomado contra el suelo boca abajo
y habían desocupado todas las estancias
y sucedía entonces que por el suelo no se podían andar
porque el suelo estaba repleto de  bocas-boca-abajo
y el espacio aéreo fue ocupado por otras formas animales.







BIOGRAFÍA

Carlos Oroza nació en Vivero, Lugo, en 1933. En los años sesenta se hizo famoso en el ambiente literario-poético gracias a la realización de múltiples recitales por toda España, adscritos en forma y contenido a los de la Generación Beat y sigue siendo conocido principalmente por la interpretación y performance de su propia obra. Su heterodoxia y la poca disposición a publicar ya que se decanta por la oralidad lo han llevado también a formar parte de los excluidos por su heterodoxia a pesar de que escritores de la talla de Manuel Rivas lo mencionan como el mejor rapsoda europeo.
En la década de los sesenta fundó junto a Víctor Lizárraga y Victoria Paniagua la revista Tropos.
Residió después unos años en Estados Unidos y e le otorgó en Nueva York el premio internacional de Poesía Underground.
Actualmente reside en Vigo.

Oroza se considera «un poeta nórdico que codicia lo lejano, la luz. No solo la luz del sol, sino también la luz del pensamiento, del fósforo, del rayo en el bosque, la luz de la imaginación».