jueves, 2 de abril de 2009

Conoce en 5 pasos a Friedrich


Al igual que Bécquer lo fue a la literatura (en un primer plano española), Caspar David Friedrich supondrá la cara pictórica más representativa del Romanticismo, inicialmente alemán y más tarde del movimiento. Un artista de personajes solitarios, paisajes agrestes y depurada formalidad que ahora te presentamos por medio de cinco claves básicas.


Paisaje: Tal y como sucede en el resto de las manifestaciones artísticas de esta corriente, la naturaleza será un elemento indispensable en la obra del pintor romántico, quien hallará en la misma el medio de trasmisión de sus sentimientos. En el caso de Friedrich, la representación del paisaje será una constante y llegará incluso a establecer una nueva modalidad, posteriormente muy imitada: el paisaje sublime. Sus obras recogen elementos diversos esbozados a lo largo de sus viajes, cuya composición engendrará una naturaleza nueva, reconocible pero distinta a la realidad, donde el protagonismo se destaca por medio de lo abrupto y lo melancólico y el hombre se encuentra perdido en la inmensidad.

Muerte: Como buen romántico Friedrich estará obsesionado con el fin de la vida, una preocupación derivada de su infancia, época en la que se sucederán varios fallecimientos en su familia. Este hecho, unido a un carácter depresivo, dará como resultado una obra donde la soledad y los simbolismos referidos a la muerte abunden. El duelo -color violeta- y el final de la vida -los barcos que se acercan al mar- están presentes de forma constante en unos cuadros donde el hombre se enfrenta a este camino en soledad.

Religiosidad: Pero, frente a la desesperanza que imprime la condición humana, Friedrich habrá de encontrar algo de consuelo en la religión. Criado en el protestantismo, mantendrá una fuerte religiosidad a lo largo de toda su vida, plasmada en sus lienzos en elementos como las firmes rocas de sus composiciones (símbolo de fe) sobre las que ubica a sus personajes, o la selección de la época invernal (que antecede al renacer de la naturaleza y, por extensión, apela a la idea cristiana de la resurrección).

Patriotismo: Friedrich vivirá en plena época de transición de un siglo a otro, asistirá a la caída de Prusia y Sajonia y a la llegada de Napoleón; un clima inestable reflejado en sus obras. A diferencia de lo que sucede con otros autores romanticos, las referencias políticas que se puedan encontrar en la obra de este pintor serán contemporáneas. No hay evasión en este sentido: su crítica es dura y su postura se mantendrá firme a lo largo de toda su vida, abundando en sus cuadros las alusiones a un nacionalismo que rechaza la ocupación francesa.

Independencia: Aún a pesar de que tras la restauración del Antiguo Régimen el tema de sus obras dejará de ser del gusto público, Friedrich pertenecerá a la primera generación de artistas independientes, sin encargo, cuya producción estará pensada para ser destinada a un circuito de galerías. Un "profesional liberal" que contará en su momento con clientes de la talla de la Casa real prusiana y que obtendrá en sus inicios la acogida del público coetáneo.

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