lunes, 12 de noviembre de 2018

Vilhelm Hammershøi el pintor del silencio




Nació en 1864 en Copenhague.  Estudió dibujo desde la edad de ocho años con Niels Christian Kierkegaard y Holger Grønvold, además de pintar con Vilhelm Kyhn, antes de matricularse en la Real Academia Danesa de Bellas Artes.
En las pinturas altamente atmosféricas de Vilhelm Hammershøi, tanto los exteriores como sus interiores están envueltos en un ambiente de ensueño y, a veces, melancólico.Prefirió pintar habitaciones hermosas, escasamente amuebladas, a menudo con una iluminación tenue. Varios de los interiores también presentan la figura de una mujer, que a menudo está total o parcialmente alejada del espectador, a veces cosiendo, a veces leyendo, y otras veces no participando en una actividad en particular. La coloración en las pinturas de Hammershøi es tenue, con matices de gris o verde oscuro. Sus colores y técnicas de pintura elegidos subrayan la naturaleza introvertida y contemplativa de su arte. Los interiores fueron ejecutados en su propia casa, y fue a menudo su esposa quien estuvo a su lado.

Hammershøi recibió reconocimiento tanto nacional como internacional durante su vida, pero después de su muerte en 1916, quedó algo olvidado. Sin embargo, desde la década de 1980, sus pinturas se han vuelto populares, y hoy es uno de los artistas escandinavos más reconocidos internacionalmente de este período.

Carl Holsøe






Carl Holsøe, 1863-1935. Pintor danés  nacido en Aarhus, murió en Asserbo. Se graduó de la Escuela Técnica  de arte  después de lo cual fue a la escuela de pintura de Krøyer. En 1886 debutó en la exposición de Charlottenborg.  
Pintó  muchos paisajes  pero la mayor parte de su producción son interiores de antiguas salas de estar con muebles de caoba y, a veces, con una sola figura como centro de atención. Fue de suma importancia para él su amistad con  Vilhelm Hammershoi. No se sabe cual de ellos   tocó por primera vez la pintura de  interiores, pero es muy probable que se haya producido un impacto mutuo. 
A diferencia de Hammershoi,   que penetraba más en la atmósfera más interior de las cosas,Carl era un narrador más prosaico,  y sus imágenes, que se han comparado con los antiguos holandeses, muestran un  deleite inmediato en la belleza de las cosas. 
Una de las razones por las que consiguió tanta fama 
 fue que vivió una vida muy recatada,  en una casa pequeña atrapada por Jonstrup y, finalmente, en una antigua granja en Asserbo. - A lo largo de los años,  recibió una serie de becas académicas, incluyendo  Italia (1897).
Fue galardonado en dos ocasiones con la medalla anual de la academia y también fue nombrado miembro de la asamblea de la academia. En 1891 ganó una medalla de oro en Munich.
Expuso  en la exposición de primavera de Charlottenborg, estuvo representado en la exposición de otoño  y participó en la Asociación Nacional de Exposiciones de Arte, especialmente en 1927. Está representado en el museo de arte con tres interiores, en varios museos provinciales, además de Estocolmo y Gotemburgo.  

jueves, 8 de noviembre de 2018

Johann Carl Loth



Johann Carl Loth fue aprendiz de su padre,  pintor de la corte, Johann Ulrich Loth, que había sido profundamente influenciado por la pintura romana del siglo XVII. Johann Carl viajó a Roma en algún momento después de 1653. En 1656 estaba en Venecia, donde permaneció de por vida y se convirtió en uno de los pintores venecianos más conocidos de su época. Resultado de imagen de Johann Carl Loth
En Venecia, Loth trabajó con Giovanni Battista Langetti, un seguidor de Luca Giordano, de quien descubrió el arte del naturalismo y el tenebrismo que  había originado  Caravaggio. Loth incorporó esos efectos junto con el dramático claroscuro de Langetti.   Habiendo encontrado su propio estilo, se desvió poco de él durante el resto de su carrera. Loth pintó principalmente retablos y  de caballete dominados por la figura desnuda. El  emperador romano Leopoldo I y otros monarcas y embajadores compraron muchas de sus pinturas. Su estudio veneciano se convirtió en una "fábrica de cuadros"  para satisfacer la gran demanda de sus pinturas. En 1692 fue nombrado pintor de la corte del emperador.

Gerard ter Borch






Zwolle1617 - Deventer1681
Se formó en el taller de su padre, Gerard ter Borch el Viejo (1582-1662), donde permaneció hasta 1635. En 1632, 1634 y 1640 colaboró en el taller del paisajista Pieter de Molijn (1595-1661) en Haarlem. El cuadro más antiguo conservado, La consulta (Berlín, Gemäldegalerie), está fechado en 1635 y se piensa que pudo ser el presentado ese año para ingresar en el gremio de San Lucas, de Haarlem. De acuerdo con Houbraken, a finales de 1635 inició una serie de viajes que se extendieron más de una década y que le llevaron en 1635 a Londres y, entre 1637 y 1639, a Italia y España. A principios de 1640 se instaló de nuevo en Holanda. Se dedicó a los retratos y a la pintura de género. Viajó a Flandes y Francia y en 1646 marchó a Münster para formar parte de la comitiva de Adrien Pauw, delegado por Holanda en las negociaciones paz con España.
 
 Permaneció allí hasta la firma de la paz en 1648, ceremonia que dejó recogida en un cuadro (Londres, National Portrait Gallery). Según Houbraken, allí entró a formar parte de la comitiva del conde de Peñaranda, con quien habría viajado a España, donde le fue encargado un retrato de Felipe IV, noticia que no ha podido ser confirmada documentalmente. Luego volvió a Holanda y hasta mediados de la década de 1650 está documentado en Amsterdam, La Haya, Delft, Kampen y Zwolle. En febrero de 1654 contrajo matrimonio con Geertruyt Matthys y se asentó definitivamente en Deventer, dedicándose sobre todo al retrato. En 1672, cuando Deventer fue tomada por las tropas del arzobispo de Colonia y obispo de Münster, huyó a Amsterdam hasta que en 1674 pudo volver a Deventer, donde permaneció hasta su muerte pintando los interiores domésticos burgueses, que venía desarrollando desde la década de 1640, y retratos para los miembros de diversas casas reinantes (Posada, T., Pintura Holandesa en el Museo Nacional del Prado


Museo del Prado

jueves, 25 de octubre de 2018

Francisco Ribalta



(Solsona, Lérida, 1565-Valencia, 1628). Pintor español. Catalán de origen, su formación primera la hizo en el entorno de El Escorial a la vista de obras y artistas españoles e italianos que allí trabajaron, captando las novedades más significativas de su arte. Elaboró así un estilo ecléctico que llegaría a conjugar la retórica de Cincinato, los atrevidos escorzos de Tibaldi o la gravedad de Bartolomé Carducho, con el dramatismo de Navarrete y los claroscuristas juegos de luz del mejor Cambiaso, aspectos que afloran sin disimulos en su producción. 
Primeramente ejerció su profesión en Madrid, entre 1585 y 1598, donde pintó obras religiosas y retratos, y donde casó y tuvo dos hijas y luego un hijo, Juan, en 1597, que con el correr de los años llegaría a ser pintor notable. En 1599 pasó a Valencia, seguramente alentado por las demandas artísticas del patriarca arzobispo Juan de Ribera. En Valencia permaneció el resto de su vida, ejerciendo una intensa labor y dando a su estilo un aire cada vez más personal que en su madurez alcanzó las más altas cotas de calidad en dirección al naturalismo. Al poco de llegar a Valencia quedó viudo y ya no volvería a casar.

 Entre 1603 y 1606 vivió en Algemesí, población al sur de Valencia, donde realizó varios retablos para su iglesia, entre ellos el mayor. Desde allí fue llamado por el arzobispo Ribera para realizar en su capilla de Corpus Christi el Retablo de san Vicente Ferrer (1605) y el gran cuadro de La Cena del retablo mayor (1606). 
A partir de 1610, coincidiendo con la expulsión de los moriscos (1609) y la muerte del patriarca Ribera (1611), su arte tomó un sesgo intimista y profundo, muy acorde con el talante más piadoso de la Contrarreforma, inspirándose en la gravedad solemne de ciertos modelos de Sebastiano del Piombo que conoció en la propia Valencia, los cuales supo compaginar con un lenguaje naturalista y directo para el que se mostró especialmente dotado. También su coloración se tornó más contenida y sobria, y sus figuras perdieron en gesticulación para ahondar en intensidad expresiva. Con él trabajó en la segunda década del siglo XVII su discípulo Vicente Castelló, que imitaba su estilo y llegó a casar con una de sus hijas, y su propio hijo Juan Ribalta que en 1615 ya firmaba obras, formando los tres un equipo artístico muy sólido y prolífico en el que a veces no resulta fácil distinguir sus individualidades.
 Luego, en compañía de Abdón Castañeda, este equipo ribaltiano operó hacia 1620 por Segorbe (Castellón), Jérica (Castellón) y Andilla (Valencia). Al parecer, Francisco Ribalta, sintiéndose enfermo en 1618, habría quedado en Valencia, según declaración propia, afrontando un pleito con la parroquia de San Andrés por negarse a aceptar el cargo de limosnero. En ese tiempo su producción decreció, pero se tornó más intensa y emotiva adentrándose en un naturalismo profundo de conmovedora fuerza según revela su gran cuadro Abrazo de san Francisco al Crucificado, pintado para los capuchinos de Valencia hacia 1622. Después de 1625, el equipo ribaltiano volvió a reunirse en Valencia con el viejo maestro para realizar el gran retablo de la cartuja de Portaceli, donde aflora la mano de Francisco Ribalta, de Juan Ribalta y de Vicente Castelló en un conjunto de calidad notable que en algunas partes parece que quedó sin concluir. En 1628 moría Francisco Ribalta y pocos meses después también moría su hijo Juan, dejando trazadas en la pintura valenciana pautas que perdurarían durante mucho tiempo condicionando los designios del estilo barroco.

Museo del Prado

JUAN RIBALTA



(Madrid, 1596/1597-Valencia, 1628). Pintor español. Hijo del más conocido Francisco Ribalta, Juan demuestra una personalidad artística muy singular que, partiendo del aprendizaje en el taller paterno, parecía dirigida a convertirle en uno de los más notables artistas españoles del siglo XVII. Su temprana muerte, sin embargo, truncó su prometedora carrera. Trabajando siempre en el obrador de su progenitor, firmó su primera obra en 1615, señalando con orgullo sus dieciocho años de edad.
Se trata de Los preparativos de la Crucifixión, muestra de su gran precocidad para hacerse cargo de un lienzo de tal complejidad de composición, así como el certero dominio de los modelos manieristas que había asimilado Francisco, aliñados con ciertos toques naturalistas. Ya Palomino advertía del grado de asimilación al que había llegado el joven Juan respecto al arte de su padre, señalando que eran difícilmente distinguibles salvo en la pincelada, «en que la manera del padre fue más definida, y la del hijo algo más suelta, y golpeada». 
La llegada de Pedro de Orrente a Valencia en 1616 se ha visto como estimulante para que Juan tomase varios préstamos del pintor murciano, ante todo el gusto por lo anecdótico y cotidiano directamente importados del taller de los Bassano. Todo ello dotará de un tono más amable a las obras de los años consecutivos. 1618 parece ser un año importante para Juan Ribalta, su boda le coloca en una posición económica más desahogada a la vez que parece implicarse todavía más en la dirección del taller paterno. También de ese año es la prueba más evidente de sus inclinaciones literarias, participando en la justa poética que se celebra en Valencia por las fiestas de canonización de Tomás de Villanueva. 
A partir de 1624 se aprecia el acento en un estilo más sobrio, seguramente influido por el mayor tono naturalista con el que está pintando Francisco por aquellos años. Muestra de esa pintura más rigurosa de los últimos años es la monumental figura del san Juan Evangelista del Prado, en la que el acercamiento naturalista refuerza su aire imponente. Juan Ribalta moría en Valencia en octubre de 1628, probablemente víctima del tifus, tan solo nueve meses después que su padre. Tres obras de este autor pertenecen al Prado. Dos lienzos con los evangelistas proceden de las colecciones reales -quizá adquiridos por Carlos IV en un viaje a Valencia a finales de 1802-, mientras que el San Juan Evangelista es adquisición de 1961 y carece de referencias anteriores

Museo del Prado

jueves, 18 de octubre de 2018

Karl Hubbuch




1891 Karlsruhe
† 1979 Karlsruhe

Karl Hubbuch nació en Karlsruhe en 1891 y asistió a la Academia Estatal de Bellas Artes desde 1908-1912. Luego se muda a la escuela del Museo de Artes Aplicadas de Berlín y se convierte en alumno de Emil Orlik. Un servicio militar de cuatro años interrumpe su educación. Hubbuch continuó sus estudios en 1920 en la Landeskunstschule en Karlsruhe como estudiante de maestría en la clase de grabados de Walter Conz.

 Entra en contacto con las obras de Georg Scholz y George Grosz. Aquí hay paralelos, sobre todo, en un nivel formal: la estructura de imagen combinatoria que consta de elementos en diferentes escalas y perspectivas y la separación de los motivos son bastante comparables. En 1922 el artista va a berlín. Aquí, Hubbuch, inspirado en Orlik y Grosz, recurre a la representación de la vida metropolitana, por lo que sus obras ahora también revelan opiniones políticas, sociales y críticas claras. En 1925 recibió una oferta para enseñar en la Landeskunstschule Karlsruhe y fue nombrado profesor en 1928. 

El artista  también se puede dedicar a la pintura al óleo, emerge enfatizando en hechos  y escenas cotidianas. Durante la década de 1920 y principios de la década de 1930, las obras de Hubbuch se han exhibido en numerosas exposiciones, entre ellas 1925 "Neues Sachlichkeit" en Mannheim. Hacia el final de los años veinte, el estilo de Hubbuch cambia de nuevo, lo que se manifiesta en las imágenes de caballete y lienzo en un estilo relajado, un estilo de pintura pastosa y una concepción más uniforme del cuerpo y el espacio. En 1933 es liberado en Karlsruhe y tiene que involucrarse en trabajos ocasionales. 
En 1947 retoma sus deberes docentes. Después de un año, se muda a la Academia y se convierte en profesor allí. A partir de 1957 el artista vuelve a trabajar freelance. Hubbuch trata ampliamente el trabajo de Max Beckmann en la década de 1950 y desarrolla un lenguaje de diseño expresivo. Al mismo tiempo  recurre  cada vez más al grabado en madera. En su última fase estilística de finales de los años cincuenta, Hubbuch se remonta a la década de 1930, es nuevamente el fisonomista social, que describe una clase   y crea los contextos sociales e históricos . También trabaja en repeticiones y revisiones de trabajos anteriores. El 26 de diciembre de 1979, Hubbuch muere en Karlsruhe.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Y YO VIVÍA EN UN FARO






Quiero expresar mi homenaje al pintor San Luis, aquel Señor que andaba por la ciudad con una capa y ponía en el escaparate de su taller letreros como: "A esta casa no le falta ni una piedra". Nos ha dejado una historia gráfica de la ciudad.
Un beso a su familia.
 

 Yo vivía en un faro. Desde las ventanas tenía a mi alcance varios mundos. Por la parte de atrás la Rúa de Santiago, enfrente la Herrería y por delante el Paseo de Alfonso XII.
  Los pequeños barcos de pesca entraban en el Berbés rodeados de gaviotas y su sonido me despertaba por las mañanas. Los hombres de la Rúa de Santiago trabajaban en la "Coia". Yo no sabía muy bien que era eso, pero suponía que descargaban pescado porque venían a la panadería y decían."Lola queres unha merluza?". Si, mis padres tenían una panadería y trabajaban tanto que yo nací agotada.



 Lola era racial, alegre, divertida, llena de vida, pero cuando  le daba el punto... Cuando vine al mundo y abrí los ojos, me di cuenta que el ambiente había que olerlo y actuar según vieres.  Si había punto lo mejor era hacerse invisible, y pronto me percaté, tambien, que cuando me covertía en invisible nadie notaba mi ausencia.El ambiente de tragedia en casa duraba algún tiempo y  cuando yo creía que nada iba a ser igual, como si pasara una nube, en la mesa volvía a haber conversación y mi madre servía la comida a mi padre con mirada de amor.
 Lola nació en la Oliveira, en Teis. 
Que curioso, ¿no? Vigo es "la ciudad olivica" 
y una zona se llama LA OLIVEIRA. Aqui se 
producía aceite, y creo que un aceite muy 
bueno, eso hasta LOS REYES CATOLICOS....
Rios, yo iba de niña, que bonito! eso fue 
hasta que cortaron la carretera los de la 
Base Naval. 
Mi madre me contaba que veían entrar submarinos alemanes en la base y que cuando llegaban a tierra los marinos desaparecían los gatos...(igual es parte de la leyenda) y que el Colegio de los Jesuítas era un hospital de guerra que estaba lleno de "moros" (me limito a reproducir sus palabras).

 Mi padre vivía en La Calzada. Mi abuelo tenía panadería alli y todos los hijos tenían que ayudar. Mi padre iba con un burrito a repartir el pan desde Teis hasta la Alameda. Me contaba lo del muelle de madera del Arenal y hasta donde llegaba el mar...


 Y  el  destino....Lola y Francisco se unieron y asi llegué yo a MI FARO.

 La Rúa de Santiago era una calle llena de vida. La falta de vivienda obligaba a la gente a vivir hacinada. Por la parte de atrás de mi faro estaba el Nº 13 y no es porque le correspondiera por la numeración de la calle, no, es que alli vivían 13 familias. En invierno, se apretujaban y se daban calor, pero en verano se estorbaban y salían a pelear a la calle y así nos enterabamos de las vidas del "faneco" "la corrala" o de la "cuspefora".


 Al lado del 13 vivía Asia. Un día ella estaba en la calle y el hijo pequeño que parecía un querubín rubio, gritó por la ventana "Mamaaaaaa que hay para comer?" La madre respondio, tambien a gritos "hay un bisté en la nevera"....Mi madre en la cocina rosmaba "que coño de bisté ni que nevera"- "Aqui no veo nada", respondió el niño- "Pero será cabrón el hijo de puta ese que no encuentra nada!", espera que subo yooooooo- Respondió Asia.


 La Rua de Santiago estaba llena de bares, yo creo que era la calle que mas bares tenía por metro cuadrado en el mundo! Y los hombres, como si fueran capillas se los recorrían todos. Tambien había pequeñas tiendas donde te vendían bocadillos de alcriques o una onza de chocolate...


 El comer era importante o por lo menos demostrar que comías. Una vecina del 17 hervía agua con laurel y todos creían que comían marisco y a los niños les untaba los morros con chocolate antes de salir a jugar a la calle.


 Lara, la modista, vivía en el bajo de la casa de Asia. Me encantaba ir alli. Se juntaban un montón de mujeres en el taller-habitación, la única que tenía ventana a la calle. Lara tenía mas de 40 años y un novio que la hacía sufrir. Yo escuchaba mientras mientras hojeaba los "figurines"....¿Sabeis la última que me hizo? contaba...El domingo estaba esperandolo. Llegó despues del partido y con cara lánguida me dijo que no se encontraba bien. Por supuesto le dije que se fuera a casa y se acostara pero al cabo de media hora vino su amigo Raúl y me dijo que lo había visto con los amigotes de juerga. Ohhhh, dijeron las amigas a coro ¿Y que hiciste?


 ¿Que hice? Me puse el traje "crepe sosie", ese que deja adivinar la piel de mis brazos blancos y me fui al baile de la sociedad Oliva. Tan pronto llegué ya vino un chico a buscarme a la escalera para bailar....


 Y seguiriamos bailando si no entrara mi novio como un loco y arrancandome de los brazos de mi pareja dijo: ESTA MUJER ES MIA! Ante mis ojos Lara, en aquel momento, dejó de ser una mujer fea, poquita cosa y se convirtió en CARMEN LA DE MERIMEE. 
Cuando llegaba la hora de novela, en el taller de Lara, ponían la radio muy alta. Las mujeres solían ser muy, muy buenas y desgraciadas por causa de un hombre. A mi el serial no me importaba mucho pero me encantaba ver como aquellas mujeres vivían la historia y aprendí que los hombres son muy, malos, que solo sirven para hacernos padecer.


 En el Paseo de Alfonso vivían "los castellanos". Todos eran Don y Doña. Yo notaba como si "los paisanos, los gallegos" fueramos los parias dentro de nuestra propia tierra. Iban con su velo a misa, las que tenían niños los sacaban los domingos vestidos de marineritos y Doña Asun una navidad que compró un pavo vivo, en el mercado de La Piedra,lo trajo andando hasta su casa atado por una pata

Un día estaba un grupo de estas mujeres en la panadería, volvían de misa de doce e iban a comprar el pan, en ese momento entró una niña gitanita de unos 6 o 7 años con unas monedas en la mano y saltando le decía a mi madre: "deme, deme unos caramelos, deme, deme un paragüitas... deme, deme..." Cuando mi madre se cansó le dijo que decidiera o se fuera y en eso una de aquellas señoras, mirando a la niña con desprecio le dijo: "Nena, lo que tienes que comprar es un bollito de pan, que eso te alimenta, que falta te hace"...


 La niña, 
mirando a la señora de arriba abajo dijo: "Señora, yo hago lo que me pide el cuerpo, y menos mal que este momento no me pide follar"- La historia acabó con un montón de señoras desmayadas.


 Menos mal que estaba FIFA y rompía los moldes. Era grandullona y fea y se pintaba tanto que los ojos parecían dos borrones negros. A mis padres les encantaba Fifa porque narraba historias con mucha fantasía. A mi me fascinaba. Tenía una voz potente, casi masculina, y cuando contaba lo de su novio alemán.... 


El alemán un hombre alto, guapo, ella lo quería llevar al huerto y el no se dejaba. Un día lo arrastró hasta el Castro, los dos sentados en un banco y ella suplicando "besame ladrón" y el separandose dijo: "No Fifa que nos pueden criticar" Pasados los años, cuando me empecé a pintar mi madre me decía: "Mirate al espejo que pareces Fifa" 


 Y está la Herrería, que remata con la calle DEL PLACER. Cuando llegaban "las flotas" todo el barrio se volvía fiesta. Yo no comprendía muy bien como aquella calle sucia y maloliente se convirtiese en un objetivo de todos aquellos chicos jovenes. Desde la ventana de mi faro los veía beber y dar dinero a unos señoras con una pinta muy rara.....
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