sábado, 3 de noviembre de 2012

Juan Antonio Frías y Escalante





Juan Antonio de Frías Escalante (Córdoba, 1633 - Madrid, 1669), fue un pintor barroco español del Siglo de Oro.

Muy joven se instaló en Madrid donde fue discípulo de Francisco Rizi, con quien mantuvo una estrecha relación, llegando a ser su albacea testamentario. A pesar de su temprana muerte, desarrolló una importante carrera trabajando casi exclusivamente para las iglesias y conventos de la Corte. Admirador de la pintura veneciana de Tintoretto y Veronés, como observó Palomino, quien le decía seguidor en todo de aquel estilo en la composición y «gracia de actitudes», también se mostró deudor de Van Dyck, además de hacer uso con cierta frecuencia de estampas flamencas copiadas sin apenas variantes, como en la Conversión de San Pablo del Museo Cerralbo, firmada en 1650.

Pero la influencia más directa y constante recibida por Escalante acaso sea la intimista y clásica de Alonso Cano, interpretada con gran suntuosidad y claridad lumínica, como podría comprobarse en la Anunciación de la Hispanic Society of America, fechada en 1663, muy próxima en composición y estilo a la que el granadino pintó para la iglesia de la Magdalena de Getafe. Buena prueba de su devoción por Cano es la adquisición de tres de sus pinturas mitológicas (Cupido y dos ninfas, Apolo y una diosa) en la almoneda de los bienes de José Cisneros, celebrada en Madrid en 1665. Perdidas las dos restantes, la diosa, descrita como entrepuerta, ha de ser con toda probabilidad la Juno de colección particular madrileña, dada a conocer por Alfonso E. Pérez Sánchez en 1999, cuyo perfil, muy significativamente, no dudará Escalante en utilizar para el San José con el Niño, san Juanito y dos ángeles del Museo de Bellas Artes de Asturias, trasladando a la silueta del santo la de la diosa.

Artista precoz y prolífico, entre sus numerosas composiciones Antonio Palomino elogió particularmente un Cristo Muerto que estaba en el convento de los Clérigos Menores y «verdaderamente parece de Tiziano», actualmente en el Museo del Prado (1663). Con exquísita delicadeza y tonos claros explotó el tema de la Inmaculada (Budapest, Museo de Bellas Artes, 1663, Lumbier, Navarra, 1666) y asuntos devocionales en lienzos de pequeño formato, como el Niño Jesús con san Juanito del Museo del Prado o el San José del Ermitage. De las numerosas pinturas citadas por Palomino en iglesias madrileñas se conservan también, dispersos entre distintos museos, algunos de los asuntos del Antiguo Testamento tomados como prefiguraciones de la Eucaristía, que pintó entre 1667 y 1668 para la sacristía de la Merced Calzada, donde dice Palomino que se autorretrató entre los cautivos en un cuadro de la Redención.