jueves, 26 de noviembre de 2020

Pere Ysern i Alié




 Ysern i Alié, Pere. Barcelona 31.VIII.1875 – 5.IV.1946. Pintor.

En su juventud habría tenido relación con grupos anarquistas. Rechazado por la escuela oficial de la Llotja de Barcelona, ingresó en la Academia de Pere Borrell del Caso. En 1894 expuso un dibujo en la Exposición General de Arte barcelonesa. 

Formó parte del grupo de El Rovell de l’Ou. Marchó a Roma a ampliar estudios, con el maestro Ramon Tusquets, en 1896, y allí recibiría quincenalmente, hasta su regreso en abril de 1898, la extraordinaria revista manuscrita titulada con su apodo Il Tiberio (Barcelona, Arxiu Borràs), con la que sus compañeros de grupo —Ramon Riera, Marià Pidelaserra, Juli y Ramon Borrell, Gaietà Cornet y otros— le mantenían al corriente de la actualidad catalana. 

Colgó dos pequeños paisajes romanos en la Exposición General de Barcelona de 1898. En primavera de 1899 marchó a París con el pintor Pidelaserra y el escultor Emili Fontbona. Allí expuso en el Salon de la Societé Nationale de 1900, y asistió a la Academia Colarossi, donde fue discípulo de René Prinet y trabó perenne amistad con Anglada-Camarasa. Participó en 1901 en la Exposición Internacional de San Petersburgo, y en julio del mismo año hizo su primera exposición individual, en la Sala Parés de Barcelona. La segunda la realizaría allí mismo, en 1903, y en 1905 participó en una reivindicativa colectiva de jóvenes en la misma sala. Su estilo en aquella época era lo más ortodoxamente impresionista que se había visto en Barcelona, junto a la obra de su amigo Pidelaserra. Concurrió también en París a la Exposición de Artistas Españoles residentes en Francia (1903).


Aunque siempre se mantuvo vinculado a Cataluña (con estancias repetidas en Barcelona y Tossa), así como luego a Mallorca, había fijado su residencia en París, donde participó en muchos salones, especialmente en los de los Independientes (1904 y cada año de 1906 a 1914). Obtuvo segunda medalla en la Exposición Internacional de Arte de Barcelona de 1911, e hizo diversas exposiciones individuales más en Barcelona (1917, 1925, 1927, 1930, 1935), ciudad en la que participó habitualmente en las exposiciones oficiales de arte (1920, 1921, 1922, 1923, 1929, 1933, 1935, 1936). Colaboró en la revista de Bruselas L’Art Libre, donde dio a conocer la moderna escuela catalana (1916). En París también expuso, con Joaquim Mir y otros (Galerie Balzac 1925), e individualmente (Galeria Henri Manuel 1928). 

Regresó a Barcelona en verano de 1939, y una sordera progresiva fue aislándolo al tiempo que reavivó su vieja amistad con Pidelaserra. En esta etapa final participó en la exposición “París visto por...” (Barcelona 1943).




Real Academia de la Historia

miércoles, 25 de noviembre de 2020

ENRIQUE SAINZ




 (Matamorosa, Cantabria, 1853-Madrid, 1898). Pintor español especializado en paisajes, que también cultivó el retrato y la pintura de género. De origen humilde, comenzó a pintar y a dibujar a raíz de un accidente que le produjo la cojera a la edad de quince años. 

Después, gracias a una pensión de la Diputación de Santander, pudo trasladarse a Madrid, donde tuvo oportunidad de estudiar primero con Vicente Palmaroli, y después con Carlos de Haes en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. El Museo del Prado conserva dos dibujos y cuatro lienzos, entre ellos el óleo El descanso. Estudio del pintor. ¿Qué pensará?, que fue premiado con tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1876. Posteriormente, en las ediciones de 1881 y 1890 de la misma Exposición, obtuvo segunda medalla por los lienzos titulados Vista de un jardín y El nacimiento del Ebro. Poco después, en enero de 1899, el Círculo de Bellas Artes organizó una importante exposición de sus obras.


MUSEO NACIONAL DEL PRADO

martes, 24 de noviembre de 2020

JOHN LAVERY

 



 (Belfast, 1856-1941). Pintor británico. Estudió en Glasgow, Londres y París. Trabajó primero como ayudante en el estudio de un fotógrafo, retocando negativos y coloreando fotografías, lo que tal vez marcara su afición a la pintura de retratos. 

Entre 1881 y 1883 estuvo en Francia; en París estudió con Filippo Colarossi y en la Academia Julian; también pasó una temporada en 1883 en Grez-sur-Loing, al norte de Francia, con la colonia de artistas que se reunía allí, y pintó paisajes al aire libre bajo la influencia del «realista» Jules Bastien-Lepage y de los impresionistas; allí conoció a otro pintor irlandés, Frank O'Meara. En 1885 volvió a Glasgow, donde se convertiría en la figura principal de los renovadores Glasgow Boys, con David Young Cameron y Ernest Atkinson Hornel; después, se trasladó a Londres, donde abrió estudio y empezó a exponer con éxito en 1886 en la ­Royal Academy. 

John Lavery triunfó como cronista de la alta sociedad tanto en Inglaterra como en Irlanda y Escocia, en parte gracias al aire mundano, elegante y sofisticado que lograba imprimir a sus personajes; un aire que lo emparenta con otro retratista de éxito, John Singer Sargent. Un encargo de la reina Victoria para que hiciera un cuadro de gran tamaño sobre la visita de la familia real a la exposición de Glasgow de 1888, que pintó en 1913, lo puso de moda como retratista, aunque siguió pintando paisajes, entre otros lugares en Tánger, donde tuvo una casa. El pintor que más influyó en John ­Lavery fue otro americano, James McNeill Whistler, y, a través de él, Édouard Manet y Diego Velázquez. 

En 1891 estuvo en Madrid, y copió cuadros del sevillano en el Museo del Prado (Baltasar Carlos y la reina Mariana), mientras afirmaba que «solo tenía ojos para él»; además, tuvo tiempo para ir a los toros una docena de veces. 

El conocimiento de estos artistas le sirvió para dar más importancia al color que al dibujo y emplear una pincelada suelta. La huella del sevillano se puede ver en sus retratos de Cunningham Graham (1893), Lady Lavery con sus hijas (1911) y El rey Jorge, la reina Mary y sus hijos (1913). 
A primera vista, Velázquez se convirtió en el ejemplo para los pintores victorianos. Francis Grant, autor del retrato de James Keith Fraser a caballo (1845, Paul Mellon Collection), reconocía que le debía gran parte de su éxito, y a Frank Holl le llamaban «el Velázquez inglés». 
John Lavery fue un pintor de éxito, que se movió cómodamente entre los grandes de Europa, a los que trató y retrató, además de hacer la crónica de hechos históricos. Ese papel como artista y como miembro triunfante de la sociedad le hacía sentirse cercano a Diego Velázquez. 
Su posición social y sus buenas relaciones le permitieron colaborar en las negociaciones para el tratado de 1921 entre Ingla­terra e Irlanda ejerciendo como diplomático. En agradecimiento, un retrato de su mujer figuró en los billetes irlandeses.


Museo del Prado

CARLOS DE HAES

 



Bruselas, 27.1.1826 - Madrid, 17.6.1898

De origen belga, Carlos de Haes se instaló en Málaga con su familia cuando contaba con tan sólo nueve años de edad. Allí recibió sus primeras enseñanzas artísticas, con el pintor canario Luis de la Cruz (1776-1850), retratista y miniaturista de cierta reputación. Sin embargo, fue a partir de 1850 durante su viaje de vuelta a Bruselas, donde se hizo discípulo de Joseph Quinaux (1822-1895), cuando entró en contacto con el paisajismo de las escuelas de Namur, Tervueren y Termonde, y donde forjó el estilo artístico que le daría su gran nombre en España.

En 1856 Haes regresó a España, coincidiendo su vuelta con la primera de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en la que presentó con gran éxito algunas de sus obras. La buena recepción que se dio entonces a su pintura y, en gran medida, el descubrimiento de los espectaculares parajes del Monasterio de Piedra (Aragón), determinaron su establecimiento definitivo en España, a lo que ayudó también la cátedra de Paisaje que obtuvo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que acababa de quedar vacante, tras la muerte de Genaro Pérez Villaamil.

La plástica de Haes supuso una importante renovación del género del paisaje en España, puesto que se apoyaba en un contacto mucho más directo con la naturaleza, por sus frecuentes excursiones al aire libre para tomar apuntes y realizar bocetos de paisajes que le proporcionaron una perspectiva mucho más realista de como la concebían sus antecesores. En efecto, desde poco tiempo después de ocupar su cátedra, Haes alentó la salida al campo de sus alumnos para estudiar del natural paisajes como los de los alrededores de Madrid, a los que acudía con frecuencia.

Su nuevo éxito en la Exposición Nacional de 1860 vino de la mano de su recepción como académico de número, dictando un discurso teórico sobre los orígenes del paisaje. Otros escritos artísticos de Haes sobre asuntos técnicos y teóricos, tienen también una clara perspectiva muy cercana a la actitud comprometida con la docencia que marcó toda su trayectoria vital.

 Entre los años sesenta y setenta, viajó por numerosos puntos de la península, prefiriendo el interior del Levante español así como toda la cornisa cantábrica, buscando nuevos parajes de los que tomar referencias directas en forma de apuntes y de bocetos, que luego en su taller madrileño convertía en pinturas de gran formato. La síntesis de estas experiencias la plasmó en “La canal de Mancorbo en los Picos de Europa”, en la que la vivencia al aire libre frente a ese accidente geográfico queda todavía algo sometida a las fórmulas compositivas académicas, que justifican la presencia de figuras humanas o el engrandecimiento idealizado del perfil real del paisaje.

Haes también realizó algunos viajes por Europa después de la muerte de su esposa y de su hija, en 1877, acompañado por uno de sus discípulos más queridos, Jaime Morera (1854-1927). Fueron por el golfo de Gascuña, Bretaña y Normandía, en busca de los territorios natales del pintor. En esta época, su noción del paisaje comenzó a plasmarse en visiones algo más oscuras y melancólicas, seguramente fruto de la tristeza en la que se sumió al quedar sin familia.

 Hacia 1887 dejó de pintar y de salir al campo, acosado por la enfermedad que acabaría con su vida once años después. En esas fechas sus discípulos, sobre todo Jaime Morera, se ocuparían del cuidado del maestro y, a su muerte, consiguieron que el caudaloso contenido de su estudio –sus bocetos, dibujos y grabados-, que habían recibido como herencia del paisajista, pasara al recién inaugurado Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid, fondos que ahora guarda el M

Museo Nacional del Prado

RICHARD PARKES BONING

 


1802 - 1828

Nacido de padres ingleses, Bonington pasó gran parte de su corta vida en Francia. Estudió inicialmente en Calais con Louis Francia antes de trasladarse a París. En 1818 conoció a Eugène Delacroix y se matriculó en el taller del barón Antoine-Jean Gros, donde entabló una amistad duradera con Paul Huet , un compañero de estudios.

Fue una de las estrellas del Salón de París de 1824 , donde triunfó el arte británico, y junto con John Constable y Copley Fielding recibió una medalla de oro.

Bonington era un viajero empedernido y pasó mucho tiempo explorando la costa norte de Francia. En 1825 visitó Londres con varios artistas franceses, entre ellos Delacroix, y en 1826 viajó por Suiza hasta Venecia.

Murió trágicamente joven por tisis a la edad de 26 años.

Bonington fue uno de los artistas más importantes de principios del siglo XIX, vital para la comprensión del arte francés y británico del período romántico . Su gama incluía pinturas históricas y temáticas, y paisajes, obras y bocetos de gran acabado, todo ello imbuido de una brillantez y seguridad de toque que fue muy admirado durante y después de su vida.

Frits Thaulow

 



El artista noruego Frits Thaulow nacido en Oslo en 1847,  era hijo de  un químico acomodado. Asistió a clases en la Academia de Arte de Copenhague de 1870 a 1872. También fue instruido durante dos inviernos por Hans Gude, uno de los principales paisajistas de Noruega, en Karlsruhe, Alemania. Vivió en París durante  cuatro años a partir de 1875. Pasó parte de 1879 en Dinamarca adquiriendo conocimientos de pintores escandinavos antes de regresar a casa. A su regreso a Noruega en 1880 ya era reconocido como líder de la comunidad artística de Noruega.

El período de 1880 a 1892, coincidiendo con el regreso de Thaulow a Noruega, fue  un período de tiempo fundamental para el arte noruego. Durante estos años, la forma de arte realista fue aceptada en su tierra natal. Gran parte de esto se basó en lo que había aprendido durante su  residencia en París. Esto le permitió a Thaulow combinar sus impresiones muy personales del paisaje de Noruega para crear una nueva forma de paisaje impresionista. 

Sus interpretaciones de los jardines públicos y las áreas circundantes de Oslo fueron ampliamente elogiadas. Uno de sus temas favoritos fue el de los esquiadores en las pistas invernales de Oslo. Muchas de sus creaciones representan Asgardstrand, una ciudad a 100 kilómetros al sur de Oslo. Sus obras que utilizan óleos y pasteles en la década de 1890 contribuyeron a la naturaleza poética  de ese período de tiempo.

Thaulow se mudó a Francia en 1892, donde produjo aproximadamente 50 pinturas por año mientras residía allí. Muchas de estas pinturas se exhibieron en las Galerías Georges Petit y Cie en París. Se hizo amigo de personas como Rodin y Monet. Después de su fallecimiento en 1906, las pertenencias  de su estudio fueron subastadas un año después en París.

lunes, 16 de noviembre de 2020

ARTE BIZANTINO

 El arte bizantino fue un período significativo en la historia del arte occidental. Conocido por sus  mosaicos y su deslumbrante uso del oro, este estilo está profundamente entrelazado con el auge del cristianismo en Europa.


El arte bizantino surgió después de que el emperador Constantino I declarase tolerancia al cristianismo en el antiguo imperio romano. En 330, trasladó la capital de Roma a Bizancio, que pasó a llamarse Constantinopla (la actual Estambul) en su honor. Luego, los artesanos romanos fueron trasladados a la ciudad para decorar las iglesias cristianas en una variación de la antigua tradición romana del mosaico. El estilo floreció durante cientos de años y se extendió por  Turquía, Italia y España. El arte bizantino continuó en el siglo XV hasta que Constantinopla cayó ante el imperio otomano en 1453.

Este brillante estilo de arte medieval tuvo efectos duraderos en la historia del arte occidental, inspirando a artistas incluso cientos de años después, como el pintor El Greco.  Todavía se pueden ver algunos de sus mosaicos más famosos en Hagia Sophia y en partes de Italia.

domingo, 15 de noviembre de 2020

PINTURA ROMANA

 




La historia de la pintura romana es esencialmente la historia de las pinturas murales sobre yeso. 
Aunque las referencias literarias antiguas nos informan de pinturas romanas sobre madera, marfil y otros materiales, las obras que han sobrevivido se encuentran en el medio duradero del fresco que se utilizó para adornar los interiores de las casas particulares en las ciudades romanas y en el campo. 

La mayoría de los frescos romanos se encontraron en Campania, en la región alrededor de la bahía de Nápoles. El Monte Vesubio entró en erupción y las ciudades de Pompeya y Herculano, y residencias privadas en las inmediaciones quedaron enterradas.

 Como sucede a menudo en la arqueología, un desastre sirvió para congelar un momento en el pasado, lo que permitió a las  excavadoras  ahondar en la vida de los antiguos habitantes de esta región. Los frescos de las villas  proporcionan un registro sin precedentes de la vida de los romanos ricos durante este período

Los historiadores del arte y los arqueólogos describen el desarrollo de la pintura romana en cuatro estilos. El primer estilo (ca. 200-60 aC) fue en gran medida una exploración de la simulación de mármol de varios colores y tipos de yeso pintado.Los artistas de la época  se basaron en ejemplos de principios helenísticos.

El declive del Primer Estilo coincidió con la colonización romana de Pompeya en el 80 a. C., que transformó lo que había sido esencialmente una ciudad itálica con influencias griegas en una ciudad romana. Más allá de la simple representación de más costosos materiales de construcción, los artistas comenzaron a tomar prestado del repertorio de figuras de la pared pintura helenística, que representa a dioses , mortales y héroes en diversos contextos



 










Bajo el emperador Augusto en la segunda mitad del siglo I a. C., hubo un nuevo impulso de innovar, en lugar de recrear, en arquitectura, escultura y pintura. 

El tercer estilo (ca. 20 a. C. - 20 d. C.), que coincidió con el reinado de Augusto, rechazó la ilusión en favor de la ornamentación de la superficie. Las pinturas murales de este período generalmente comprenden un solo fondo monocromático, como rojo, negro o blanco, con elaborados detalles arquitectónicos y vegetales. Pequeñas escenas de figuras y paisajes aparecen en el centro de la pared como parte del esquema decorativo general, no como el elemento dominante. 

Caracterizado como una reacción barroca al manierismo del tercer estilo, el cuarto estilo en la pintura mural romana (ca. 20-79 d. C.) es generalmente menos disciplinado que su predecesor. Revive la pintura narrativa a gran escala y las vistas panorámicas, al tiempo que conserva los detalles arquitectónicos del tercer estilo. 

Algunas de las mejores pruebas de las técnicas de la pintura mural romana se encuentran en Historia natural de Plinio y en el manual De Architectura de Vitruvio . Vitruvio describe los elaborados métodos empleados por los pintores de paredes, incluida la inserción de láminas de plomo en la pared para evitar que la acción capilar de la humedad ataque el fresco, la preparación de hasta siete capas de yeso en la pared y el uso de polvo de mármol en las capas superiores para producir un brillo similar a un espejo en la superficie. Dibujos preliminares o incisiones ligeras en la superficie preparada guiaron a los artistas a decorar las paredes con un fresco (sobre yeso fresco) con colores primarios llamativos. Los colores pastel más suaves a menudo se agregaban (sobre yeso seco) en una fase posterior. Vitruvio también nos informa sobre los pigmentos utilizados por el artista romano. El negro se extrajo del carbón creado al quemar matorrales o astillas de pino. El ocre se extrajo de las minas y se sirvió para el amarillo. El rojo se deriva del cinabrio, del ocre rojo o del plomo blanco calentado. El azul se hizo mezclando arena y cobre y luego horneando la mezcla. El tono más profundo de púrpura era, con mucho, el color más precioso, ya que generalmente se obtenía de los buccinos marinos.