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sábado, 21 de febrero de 2015

Juan de Valdés Leal



(1622-1690)
Pintor nacido en Sevilla. Según Palomino, debió más al cielo, a su estudio y aplicación que a la enseñanza de sus maestros. Pasó la mayor parte de su vida entre Córdoba y Sevilla, y tuvo una escuela personal para la enseñanza de pintura y arquitectura. Fue amigo de Murillo, y cuando éste no pudo obtener la ayuda del Gobierno para fundar una Academia de Pintura en Sevilla, Valdés conquistó la voluntad de todos los maestros de la ciudad, y en 1660 se celebraban las primeras sesiones con Valdés como presidente. No se consideraba satisfecho de sus pinturas hasta que Murillo las examinaba y aprobaba. Debió tener un espíritu rebelde e inquieto. Sus mejores pinturas, las que revelan el carácter lugubre de este luchador titánico que sólo conoció reveses de fortuna, están en el Hospital de la Caridad de Sevilla: 'Postrimerías de la vida', y 'Fin de la gloria del mundo'. En 1672 Don Miguel de Mañara encargó a Murillo y Valdés la decoración de la capilla de San Jorge, y a ambos les señaló el asunto de sus lienzos, y a Valdés le encargó que los suyos reflejaran de la manera más gráfica y exacta la manifestación de su pensamiento sobre las vanidades del mundo y las míseras grandezas de la tierra que ya había expuesto en su obra 'Discurso de la verdad', y sólo el realismo espantoso de Valdés Leal plasmó la amargura del humanista Mañara. Las tres notas más salientes de este artista son el pesimismo, el humorismo, y el dramatismo.

martes, 30 de octubre de 2012

Juan de Valdés Leal

 





España
Sevilla 1622 - Sevilla 1690

El 4 de mayo de 1622 es bautizado en Sevilla Juan de Valdés Leal, hijo del noble portugués don Fernando de Nisa y de la sevillana Antonia de Valdés Leal. Sobre su formación artística no tenemos información, especulándose que su aprendizaje se debió realizar entre 1637-1642, cuando Valdés Leal contaba entre 15 y 20 años. Con 25 años aparece documentado en Córdoba, instalándose allí como maestro pintor y casándose con Isabel Martín de Morales el 14 de julio de 1647, en la parroquia de San Pedro. Su instalación en Córdoba podría obedecer a la elevada competencia que existía en Sevilla con artistas de la talla de Zurbarán, Herrera el Viejo o el joven Murillo

Los encargos pronto empezaron a aparecer y Valdés Leal dispuso de casa propia con taller en la calle de la Feria. En estos primeros trabajos ya manifiesta un estilo absolutamente barroco, marcadamente naturalista y con tendencia al tenebrismo, empleando un dibujo contundente, un colorido potente y poco matizado y unos volúmenes monumentales. 

La epidemia de peste que sufre Córdoba en 1649 motivará la marcha de Valdés Leal y su familia a un lugar más seguro, estando documentado al año siguiente en Sevilla, donde arrienda una casa en la calle Boticas. Su primer encargo en la capital andaluza está documentado en 1652 y se trata de un ciclo de pinturas para el convento de Santa Clara en Carmona entre las que destaca la Retirada de los sarracenos. En 1654 de nuevo regresa a Córdoba, bautizando a su primera hija, Luisa Rafaela. Posiblemente al año siguiente realizaría un breve viaje a Madrid, contratando en 1655 la ejecución del retablo de la iglesia del convento de los Carmelitas Calzados de Córdoba. 

El traslado de Zurbarán y Herrera el Viejo a Madrid durante esta década de 1650 abriría mayores oportunidades en Sevilla, donde Murillo quedaba como primer pintor. Esta sería la razón por la que Valdés Leal se instaló definitivamente en la capital sevillana en 1656, haciéndose con una no despreciable clientela, aunque contentándose siempre con trabajos de carácter secundario y a inferiores precios que Murillo. 

Su segunda hija -Eugenia María- nace en 1657 y al año siguiente Valdés Leal se dirige al cabildo municipal sevillano para solicitar que se le eximiese de la realización del obligado examen como maestro pintor, aludiendo a su precaria economía, situación que le acompañará a lo largo de su vida. El cabildo le concedió una licencia temporal que le permitió desempeñar su oficio sin ningún impedimento, alcanzando en 1659 el cargo de examinador municipal del gremio de pintores sevillanos. Al año siguiente fundó -junto a Herrera el Mozo y Murillo- la Academia de Pintura, ocupándose en primera instancia de recaudar las cuotas de los académicos para sufragar los gastos de la institución. Cuando Murillo abandonó la dirección de la Academia será Valdés Leal el encargado de dirigirla. 

En 1661 nacerá su tercer hijo, Lucas, futuro heredero de su taller aunque no de su talento artístico. Entre 1664 y 1667 nacerán dos hijas más -María de la Concepción y Antonia Alfonsa-. Precisamente en 1667 ingresará en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla, para cuya iglesia del Hospital realizaría entre 1671-72 sus obras más famosas: los Jeroglíficos de las Postrimerías, formando parte del programa iconográfico diseñado por don Miguel de Mañara, artífice de estos magníficos trabajos. 

En 1682, a la muerte de Murillo, Valdés Leal quedaba como el más importante pintor en Sevilla, a pesar de sufrir este mismo año un ataque de apoplejía que mermó sus condiciones físicas. Esta última década la dedicará a la realización de importantes ciclos decorativos en diferentes edificios religiosos sevillanos como el Hospital de la Caridad, la iglesia del Monasterio de San Clemente o la iglesia del Hospital de los Venerables, decoración esta última que compartió con su hijo Lucas ya que su salud se iba resintiendo paulatinamente. El 9 de octubre de 1690 Valdés Leal redacta su testamento, falleciendo a los pocos días para ser enterrado el 15 de octubre de 1590 en la iglesia de San Andrés de Sevilla. 
 Ref- Arte  Historia

sábado, 27 de diciembre de 2008

Juan de Valdés Leal




(1662-1690)
Pintor nacido en Sevilla. Según Palomino, debió más al cielo, a su estudio y aplicación que a la enseñanza de sus maestros. Pasó la mayor parte de su vida entre Córdoba y Sevilla, y tuvo una escuela personal para la enseñanza de pintura y arquitectura. Fue amigo de Murillo, y cuando éste no pudo obtener la ayuda del Gobierno para fundar una Academia de Pintura en Sevilla, Valdés conquistó la voluntad de todos los maestros de la ciudad, y en 1660 se celebraban las primeras sesiones con Valdés como presidente. No se consideraba satisfecho de sus pinturas hasta que Murillo las examinaba y aprobaba. Debió tener un espíritu rebelde e inquieto. Sus mejores pinturas, las que revelan el carácter lugubre de este luchador titánico que sólo conoció reveses de fortuna, están en el Hospital de la Caridad de Sevilla: 'Postrimerías de la vida', y 'Fin de la gloria del mundo'. En 1672 Don Miguel de Mañara encargó a Murillo y Valdés la decoración de la capilla de San Jorge, y a ambos les señaló el asunto de sus lienzos, y a Valdés le encargó que los suyos reflejaran de la manera más gráfica y exacta la manifestación de su pensamiento sobre las vanidades del mundo y las míseras grandezas de la tierra que ya había expuesto en su obra 'Discurso de la verdad', y sólo el realismo espantoso de Valdés Leal plasmó la amargura del humanista Mañara. Las tres notas más salientes de este artista son el pesimismo, el humorismo, y el dramatismo.