martes, 3 de febrero de 2009

PINTORES CLASICOS- UNO








































DESPISTES


Que me ha venido hoy a la memoria el día que meé en una cafetería en el W.C. con la tapa puesta. Lo que le costó a mi amiga Mercedes convencerme de que todo lo que me pueda pasar a mi ya le ha pasado a millones de personas antes. El shock que me produjo el hecho tardó en pasarme y me autoflagelé durante algún tiempo. ¿Y por que pienso en esto ahora? Ah, si, os cuento....

Acabo de llegar de Tenerife, una oferta de esas de SPA, MEDIA PENSION Y COCHE. Todo perfecto, bueno, casi. Recogida de coche en el aeropuerto Tenerife Sur y a buscar el Hotel. Ya sabeis que Tenerife es una isla, ¿No?, una isla que se puede recorrer en un día, que no es MADAGASCAR! Me pregunto quien me podría explicar cientificamente que les ocurre a los hombres, que tipo de microchip tienen en el cerebro que les impide preguntar una dirección. Un recorrido que nos podría haber llevado, como mucho, 20 minutos, se convierte en horas. Yo ya estoy acostumbrada, asi que cuando me canso apoyo la cabeza en la ventanilla y duermo... por lo menos este no es como mi anterior santo, que en estas circunstancias bajaba San Dios, la virgen y todos los santos. Este no, este calla y rumia para adentro.

Yo, dentro del despiste, por lo menos me di cuenta que el coche era un Clio, color gris metalizado clarito, bueno lo de CLIO lo leí en el papel que nos dieron en la agencia.

¿Te apetece ir a dar una vuelta a los Cristianos? Pues claro contesté. Los Cristianos está en el Sur de Tenerife, es un sitio turístico, pero pequeño, que nadie se imagine que es New York... aparcamos el coche y, vuelta para aqui, por allá y Centros comerciales. Cuando las piernas nos pidieron descanso decidimos irnos...Recorrido por el paseo marítimo, pasamos la cafeteria hortera en la que habíamos estado la noche anterior...Ehhhh ¿No es esta la cafetería de las niñas con las bragas pegadas al culo, en la que estuvimos ayer? (cara de tonto)- Ahh si!
Pues hoy por aqui no pasamos- dije
Vuelta atras... media hora para reconocer que no sabía donde había dejado el coche. Bueno, alguien me puede decir que yo tambien soy culpable. No se os ocurra! Yo no estoy para esas cosas, mi mente está para pensamientos más elevados.- Tendremos que coger un taxi y hacer un recorrido- sugeri

-Uuuuuuuuuuuhhhhhhh (respuesta)

En eso pasa un coche patrulla de esos "vigilantes de la playa"- ¿Les ocurre algo? Preguntaron.

Antes de que el Señor se atreviera a decir "nada" dije- "Si, HEMOS PERDIDO EL COCHE"

Muy amables nos preguntan por el tipo de coche y si tenemos alguna idea por donde podría estar.... Es un clio, gris metalizado, claro....Y sigue mi santo....Y ESTA APARCADO EN BATERIA.

Los polis, jovenes y bien parecidos nos miraban ya con cara rara.

Yo, estrujandome el cerebro les dije: Pasamos por un sitio que ponia "palacio de congresos" y al lado habia un hotel que se llamaba "Marco Antonio"... me fijé porque me pareció de gusto muy recargado y....

¿Y dejaron alli el coche? Me interrumpió el policia

-Ah, no sé- contesté, no me acuerdo si vimos eso antes o despues de recorrer los centros comerciales....

- Los polis se metieron en el coche y nos dijeron- "Bueno suban"

Yo me subí inmediatamente, pero mi santo seguia dando múltiples explicaciones por la ventanilla. Cuando ya llevaba yo cinco minutos sentada, si pudiera, habría salido y arrastrandolo por los pelos lo había metido dentro, pero no podía, ERA UN CHOCHE PARA DELINCUENTES y no se podía abrir por dentro. Por fin arrancamos, el santo con la ventanilla bajada y el mando de apertura a distancia a modo de arma en la mano...

-¿Es este modelo? Me pregunta uno de los polis

-Lo veo, yo que se!!! NO me parece, ademas ese es más viejo y está sucio.

No puede ser, estoy seguro que esta aparcado a la izquierda,en batería y en una calle que da al mar - dice el Santo como si se le hubiera encendido una lucecita en aquel "coco microchipeado" ---------Ohhhhhhh fue como un milagro 50 metros más abajo ALLI ESTABA NUESTRO CLIO

- ¿De donde son ustedes? Preguntó uno de los polis

- De Vigo- respondí avergonzada

- Ahhhhh de Vigo! Mi cuñado tambien es de Vigo, dijo con alegría

Bueno, No todos los de Vigo son tontos aclaré

Ja, ja se rió- QUE ESO DE PERDER EL COCHE PASA MUY A MENUDO


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cousascativas ha dejado un nuevo comentario en su entrada "DESPISTES":

Lo de los coches alquilados es un puntazo.Nunca sabemos ni el color.
Pero mira, conocisteis de la isla su paisaje, y su paisanaje, está bien, no?.
Que dos!.



Publicado por cousascativas para lembranzas a las 3 de febrero de 2009 11:18

lunes, 2 de febrero de 2009

Adolphe Bouguereau,










William Adolphe Bouguereau (La Rochelle 30 de noviembre de 1825 – 19 de agosto de 1905) fue un pintor académico francés. Entre las personalidades de la época que confesaron admiración por su obra cabe destacar el pianista y compositor romántico Chopin.

Estudiante en la Académie Julian en París, sus pinturas realistas y de temas mitológicos fueron exhibidas en las exposiciones anuales del Salón de París durante toda su carrera. Aunque sufriese la indiferencia de los críticos, quizá debido a su fuerte oposición al entonces triunfante impresionismo, actualmente hay una nueva revalorización de su trabajo.

Bouguerau estuvo casado con otra artista, Elizabeth Jane Gardner. Gracias a su influencia, muchas instituciones de arte francesas se abrieron por primera vez a las mujeres, incluyendo la Academia francesa de Bellas Artes.

¿El tamaño del pene importa ?


CONSULTAS SOBRE SEXO

RESPONDE UN HOMBRE (claro)


Pregunta: ¿El tamaño del pene importa ?

Respuesta: Si. Aunque muchas mujeres dicen que es mejor calidad de cantidad, estudios científicos demuestran lo contrario. El tamaño promedio del miembro erecto es de 5 centímetros. Cualquiera mas largo que eso es extremadamente raro de encontrar, y si por alguna razón tu amante tiene el pene de 10 centímetros o mas, deberías arrodillarte y agradecer a las estrellas y a Dios y hacer todo lo posible por complacer a tu hombre. Por ejemplo, limpiar su casa, cocinarle una rica comida, lavar y planchar su ropa e ir al centro
comercial a comprarle un lindo y carísimo regalo!.

A MIS PADRES









HA SIDO UN GRAN TIPO, un gran padre y aún un mejor abuelo. Siento la ausencia, el vacio que te deja alguien que sabes que no volverás a ver, pero fue lo mejor para el. Ya ´tenía 90 años (que no quería admitir) y últimamente estaba malito. En su último ingreso en el hospital anunció que cumplía 70 años. Cuando me enteré le comenté a una enfermera: Celebraríais a lo grande el aniversario de Francisco!- y ella riendo dijo- No puedes mentir Francisco, que aqui tenemos todos los papeles....y él mirandome con una sonrisa dijo- MIRA QUE PERNAS TEN! (mira que piernas tiene).

Hace unos meses, comiendo en mi casa empezó a hablarme del paso del tiempo. Siempre repetía su frase preferida: MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE- COMO decía SANDRINI, y si le dejabas te explicaba.......Sandrini estaba bailando. Era un concurso de baile de resistencia. Llevaba ya casi 24 horas bailando y le dijo a la pareja- Que? ¿Lo dejamos?- Ella respondió- NO.... y el resignado, tirado casi encima de ella suspiró...MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE.

¿Sabes en que noto el paso de los años? Me decía- Tengo salud, me siento bien, decís que tengo 90 años, cosa que no creo, pero.......voy por la calle y veo pasar a las mujeres, antes no se me escaparía ni una y ahora........Ahora, veo y hago así con la manita (movía los dedos), bye, bye, ja ja

Las mujeres, ese era su tema preferido. A veces me hablaba de los "bocados" que dejó escapar... entornaba los ojos y me contaba- Claro, yo era muy niño, tendría unos 15 años y mi padre me mandaba a repartir pan con un burro. Eran aquellos tiempos, tu abuelo tenía una panadería en la Calzada y los hijos teníamos que ponernos a trabajar despues de haber aprendido las cuatro reglas. Yo iba con el burro por el Arenal, cuando aún el muelle era de madera, la alameda, en fin, toda la zona marinera. Llamé a la puerta de una clienta y una voz dulce me dijo: "pasa panaderito que está abierto"- Entré y me la encontré en la cama, la sábana cubría medio cuerpo y yo no podía apartar los ojos de la teta descubierta- "Deja la barra aqui, en la mesilla de noche"---Y con voz de desesperación remató ¿ y sabes lo que hice? Salí corriendo, cogi el burro y me fui lo mas lejos posible.

Lo llamaron a filas a los 18 años. Estuvo en intendencia. Repartió víveres con un burro tambien y despues lo destinaron a Coruña. Alli tuvo una novia CONCHITA. ¿Sabes? Yo iba con Conchita paseando por la calle Real y todo parecía más grande y más bonito, pero un día "un sargento chusquero" me tocó con una varita en el hombro "quedas arrestado por estar fuera a deshora" y no la volví a ver...

Hace cinco años, despues de morir mi madre, comenzó a pensar otra vez en Conchita: "Me gustaría volver a verla". Yo no tenía otra referencia que un nombre "Conchita" pero recorrí toda A Coruña con él. La calle Real ya no era grande, ni bonita... Nos sentamos en la Plaza de María Pita. Yo cuando veía pasar a alguna anciana le decía ¿Será Conchita?- Me miraba con ojos asesinos- "Conchita es una mujerona". En todos los sitios que entramos contó la historia de Conchita pero volvimos sin verla.

"Ciriaco y Quincoces" Así bautizó mi suegro a mis padres. Una historia de amor y desamor perpetua. Tan pronto tuve un atisbo de uso de razón supe que la vida no consistía en un "encefalograma plano", por la noche me podía ir a la cama con la sensación que aquella familia estaba rota: "tu padre es un putero", "nos lleva a la ruina", "los hombres son unos seres estúpidos". Cuando al otro día te levantabas, los pájaros cantaban en la ventana y el "vendabal" que habías escuchado el día anterior te sonaba a alucinación.

Lola era una "pura sangre", trabajadora, intuitiva, con una inteligencia natural fuera de serie... pero Francisco conocía perfectamente los resortes. Laxeiro siempre me decía- "cuentame lo de tu madre", y se moría de risa.....

Laxeiro le había hecho un retrato a mi padre en Vigo, pero no conseguía acabarlo porque no le gustaba asi que le dijo: "Francisco, ven a Madrid, necesito la luz de Madrid para hacerte el retrato". En el momento que salía mi padre con, solo una bolsita de plástico en la mano, llegué yo a su casa. Mi madre gritaba- "Como pongas un pie fuera de la puerta, no vuelves a entrar"- Me quedé mirando la función, ya sin agobios pues la vida ya me había curado de espantos- Mi padre ponía una pierna fuera y la volvía a meter y la voz de Lola, cada vez mas alterada- "No te lo vuelvo a repetir, piensalo bien, pie fuera y esta puerta no se vuelve a abrir para ti"- Despues de varios intentos, mi padre la miró, me miró, puso los dos pies fuera y se fue. Volvió a la semana siguiente como si no hubiera pasado nada.

Si, las mujeres han sido la gran pasión de su vida y nunca lo ha ocultado aunque yo, inocente, siempre pensé que los celos de mi madre eran injustificados. El siempre decía que "el habito no hace al monje pero ayuda". Unos buenos zapatos, un buen coche.... En una ocasión en que mi madre estuvo ingresada en el hospital operada de cadera, el aprovechó para comprarse un buen brillante, una fortuna en ese momento. Un mes de liberación, buen traje, brillante en el dedo y a vivir que son dos días, pero como siempre, lo bueno pronto se acaba, volvía Lola y era necesario ocultar el delito, así que escondió el brillante en un zapato. Como ya he dicho, la intuición femenina y el ojo de lince de Lola dio con el zapato en menos que canta un gallo. Pasó de la indignación a la venganza y se calló. Mi padre no encontró el zapato pero tampoco podía preguntar por él. Aquel hombre no podía vivir del desasosiego y por fin un día se atrevio a preguntar. Mi madre con voz de arpía dulce le dijo que había limpiado aquel armario y habia tirado los zapatos que ya no se usaban.

Yo me enteré de la historia porque un día mi padre me preguntó muy acongojado como se podía hacer para buscar en la basura. Cuando le pregunté a mi madre que pasaba solo dijo "que se joda". El día que iban a una boda y Lola le dio el anillo con un "toma presumido de la .........", mi padre ganó diez años de vida al menos.

Y sangre y figura hasta la sepultura. A veces ibamos a comer al pazo de Pedro Solveira. A mis padres le encantaba ir porque tambien iba Toñita "Pan de millo", tambien había tenido panaderia en Teis y se conocían de toda la vida. Toñita cantaba muy bien y le gustaba que la animaramos. Se ponía de pie y casi en trance entonaba "Mira mi pecho tatuadooooooooo, con ese nombre de mujer", todo iba bien hasta que mi madre con voz de vicetiple intentaba acompañarla, el aire espesaba y las chispas se veían a distancia, pero pasado el momento volvian a hablar de sus recuerdos felices. Un día llegó Mercedes, mi amiga, con su madre. La madre de Mer era una mujerona, alta, fuerte y con un cierto aire de señorita de A Coruña. Yo me di cuenta que a mi padre se le salían los ojos. La señora se sentó con Toñita, mi madre y mi padre y en un castellano perfecto les habló de su vida. Quedaron de verse alli el fin de semana siguiente y todos nos dimos cuenta que Francisco llevaba el "anillo de ligar". Yo me moría de risa observando la tensión que había en aquella mesa de octogenarios.....mi padre hablaba y hablaba y movía la mano de la sortija delante de la cara de la madre de Mercedes y ella lo miraba complacida y sonriente. Mi madre encogida en la silla parecía una pistola con el seguro puesto y Toñita metiendo cizaña : "Es una puta, Lola, una puta"

El miercoles llevaremos las cenizas de Francisco a la tumba de Lola y descansarán juntos para siempre- El no dejó de pensar en ella hasta el último aliento de su vida.

GRACIAS POR HABER ESTADO AQUI, GRACIAS POR DARNOS LA VIDA Y POR DEJARNOS TAN BUEN RECUERDO

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Dacosta dijo...
Inés

Lo siento mucho. A la vez, me alegro de haber podido ver a tu padre hace poco cuando vinisteis a Portugal, y ver que estaba en tan buena forma con los años que tenía.

Un beso y hablamos estos días xx

James

MI COMENTARIO- Gracias James, un beso
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Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "A MIS PADRES":

me encanto, tengo la piel de gallina,parecia segun leia que le veia caminar a tu lado.un besazo muakkkkkkkkkk



Publicado por Anónimo para lembranzas a las 2 de febrero de 2009 14:39

MI COMENTARIO- Gracias

domingo, 1 de febrero de 2009

Giuseppe Abbati










Italia
Nápoles 1836 - Florencia 1908
Giuseppe Abbati se formó en la Escuela pictórica de su padre Vincenzo, pintor de interiores y en la Academia de Venecia. En Florencia frecuentó el Café Michelangelo donde se reunían artistas con un estilo común, la llamada poética de los macchiaioli. Esta se caracterizaba porque destacaba la mancha sobre la forma académica , ya no importaba tanto el claroscuro, técnica que venía de la tradición, sino que crearon combinaciones nuevas con los colores y las luces dando una nueva intensidad a sus obras.
Además de las innovaciones formales se interesaron también por los problemas sociales y políticos, inclinándose por la defensa de la democracia.
Otro aspecto en el que se puede considerar innovadores a este grupo es en la eliminación de temas religiosos o históricos y en un acercamiento a la estricta belleza del mundo real.
Abbati en su primer periodo pintó temas urbanos, luminosos y sólidamente construidos. Esto se ve en su obra El Claustro de Santa Croce. En un periodo posterior se dedicó más a escenas del natural y sugestivos paisajes de la periferia florentina, como su obra Callejuela Soleada de 1863 y El Molinero en su Trabajo

Historia de Abdula, el mendigo ciego


Me miras: el presente son tus ojos,
unos instantes que se desvanecen
y no puedo cambiar: Pero también
son un mañana que ya estaba escrito
en el fugaz espejo de la infancia.
Y se convertirán en el ayer,
la suma indiferencia de los años.
Después serán recuerdo, un mundo gris
donde te mire aunque no pueda verte.
Tras el recuerdo habrán de ser olvido:
nadie sabrá por qué estabas mirándome
ni por qué hay este pozo en tu lugar.
Cada instante una historia diferente
de las mil y una noches en tus ojos.


El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al Califa su historia:

-Comendador de los Creyentes, he nacido en Bagdad. Con la herencia de mis padres y con mi trabajo, compré ochenta camellos que alquilaba a los mercaderes de las caravanas que se dirigían a las ciudades y a los confines de tu dilatado imperio.

Una tarde que volvía de Bassorah con mi recua vacía, me detuve para que pastaran los camellos; los vigilaba, sentado a la sombra de un árbol, ante una fuente, cuando llegó un derviche que iba a pie a Bassorah. Nos saludamos, sacamos nuestras provisiones y nos pusimos a comer fraternalmente. El derviche, mirando mis numerosos camellos, me dijo que no lejos de ahí, una montaña recelaba un tesoro tan infinito que aun después de cargar de joyas y de oro los ochenta camellos, no se notaría mengua en él. Arrebatado de gozo me arrojé al cuello del derviche y le rogué que me indicara el sitio, ofreciendo darle en agradecimiento un camello cargado. El derviche entendió que la codicia me hacía perder el buen sentido y me contestó:

-Hermano, debes comprender que tu oferta no guarda proporción con la fineza que esperas de mí. Puedo no hablarte más del tesoro y guardar mi secreto. Pero te quiero bien y te haré una proposición más cabal. Iremos a la montaña del tesoro y cargaremos los ochenta camellos; me darás cuarenta y te quedarás con otros cuarenta, y luego nos separaremos, tomando cada cual su camino.


Esta proposición razonable me pareció durísima, veía como un quebranto la pérdida de los cuarenta camellos y me escandalizaba que el derviche, un hombre harapiento, fuera no menos rico que yo. Accedí, sin embargo, para no arrepentirme hasta la muerte de haber perdido esa ocasión.

Reuní los camellos y nos encaminamos a un valle rodeado de montañas altísimas, en el que entramos por un desfiladero tan estrecho que sólo un camello podía pasar de frente.

El derviche hizo un haz de leña con las ramas secas que recogió en el valle, lo encendió por medio de unos polvos aromáticos, pronunció palabras incomprensibles, y vimos, a través de la humareda, que se abría la montaña y que había un palacio en el centro. Entramos, y lo primero que se ofreció a mi vista deslumbrada fueron unos montones de oro sobre los que se arrojó mi codicia como el águila sobre la presa, y empecé a llenar las bolsas que llevaba.

El derviche hizo otro tanto, noté que prefería las piedras preciosas al oro y resolví copiar su ejemplo. Ya cargados mis ochenta camellos, el derviche, antes de cerrar la montaña, sacó de una jarra de plata una cajita de madera de sándalo que según me hizo ver, contenía una pomada, y la guardó en el seno.


Salimos, la montaña se cerró, nos repartimos los ochenta camellos y valiéndome de las palabras más expresivas le agradecí la fineza que me había hecho, nos abrazamos con sumo alborozo y cada cual tomó su camino.

No había dado cien pasos cuando el numen de la codicia me acometió. Me arrepentí de haber cedido mis cuarenta camellos y su carga preciosa, y resolví quitárselos al derviche, por buenas o por malas. El derviche no necesita esas riquezas -pensé-, conoce el lugar del tesoro; además, está hecho a la indigencia.

Hice parar mis camellos y retrocedí corriendo y gritando para que se detuviera el derviche. Lo alcancé.

-Hermano -le dije-, he reflexionado que eres un hombre acostumbrado a vivir pacíficamente, sólo experto en la oración y en la devoción, y que no podrás nunca dirigir cuarenta camellos. Si quieres creerme, quédate solamente con treinta, aun así te verás en apuros para gobernarlos.

-Tienes razón -me respondió el derviche-. No había pensado en ello. Escoge los diez que más te acomoden, llévatelos y que Dios te guarde


Aparté diez camellos que incorporé a los míos, pero la misma prontitud con que había cedido el derviche, encendió mi codicia. Volví de nuevo atrás y le repetí el mismo razonamiento, encareciéndole la dificultad que tendría para gobernar los camellos, y me llevé otros diez. Semejante al hidrópico que más sediento se halla cuanto más bebe, mi codicia aumentaba en proporción a la condescendencia del derviche. Logré, a fuerza de besos y de bendiciones, que me devolviera todos los camellos con su carga de oro y de pedrería. Al entregarme el último de todos, me dijo:

-Haz buen uso de estas riquezas y recuerda que Dios, que te las ha dado, puede quitártelas si no socorres a los menesterosos, a quienes la misericordia divina deja en el desamparo para que los ricos ejerciten su caridad y merezcan, así, una recompensa mayor en el Paraíso.


La codicia me había ofuscado de tal modo el entendimiento que, al darle gracias por la cesión de mis camellos, sólo pensaba en la cajita de sándalo que el derviche había guardado con tanto esmero.

Presumiendo que la pomada debía encerrar alguna maravillosa virtud, le rogué que me la diera, diciéndole que un hombre como él, que había renunciado a todas las vanidades del mundo, no necesitaba pomadas.

En mi interior estaba resuelto a quitársela por la fuerza, pero, lejos de rehusármela, el derviche sacó la cajita del seno, y me la entregó.

Cuando la tuve en las manos, la abrí. Mirando la pomada que contenía, le dije:

-Puesto que tu bondad es tan grande, te ruego que me digas cuáles son las virtudes de esta pomada.

-Son prodigiosas -me contestó-. Frotando con ella el ojo izquierdo y cerrando el derecho, se ven distintamente todos los tesoros ocultos en las entrañas de la tierra. Frotando el ojo derecho, se pierde la vista de los dos.


Maravillado, le rogué que me frotase con la pomada el ojo izquierdo.

El derviche accedió. Apenas me hubo frotado el ojo, aparecieron a mi vista tantos y tan diversos tesoros, que volvió a encenderse mi codicia. No me cansaba de contemplar tan infinitas riquezas, pero como me era preciso tener cerrado y cubierto con la mano el ojo derecho, y esto me fatigaba, rogué al derviche que me frotase con la pomada el ojo derecho, para ver más tesoros.

-Ya te dije -me contestó- que si aplicas la pomada al ojo derecho, perderás la vista.


Hermano -le repliqué sonriendo- es imposible que esta pomada tenga dos cualidades tan contrarias y dos virtudes tan diversas.

Largo rato porfiamos; finalmente, el derviche, tomando a Dios por testigo de que me decía la verdad, cedió a mis instancias. Yo cerré el ojo izquierdo, el derviche me frotó con la pomada el ojo derecho. Cuando los abrí, estaba ciego.

Aunque tarde, conocí que el miserable deseo de riquezas me había perdido y maldije mi desmesurada codicia. Me arrojé a los pies del derviche.

-Hermano -le dije-, tú que siempre me has complacido y que eres tan sabio, devuélveme la vista.


Desventurado -me respondió-, ¿no te previne de antemano y no hice todos los esfuerzos para preservarte de esta desdicha? Conozco, sí, muchos secretos, como has podido comprobar en el tiempo que hemos estado juntos, pero no conozco el secreto capaz de devolverte la luz. Dios te había colmado de riquezas que eras indigno de poseer, te las ha quitado para castigar tu codicia.

Reunió mis ochenta camellos y prosiguió con ellos su camino, dejándome solo y desamparado, sin atender a mis lágrimas y a mis súplicas. Desesperado, no sé cuántos días erré por esas montañas; unos peregrinos me recogieron.